Segunda Odisea
Odisea segunda y grande,
mayor quizás que la primera. Pero ay,
sin Homero, sin hexámetros.
Era pequeña su casa paterna
era pequeña su ciudad paterna
y toda su Ítaca era pequeña.
La ternura de Telémaco, la fede Penélope, la ancianidad del padre,
sus antiguos amigos, el amor
del abnegado pueblo, el feliz reposo del hogar,
penetraron cual rayos de alegría
en el corazón del navegante.
Y cual rayos se apagaron.La sed
del mar se despertó dentro de él.
Odiaba el aire de la tierra firme.
Su sueño turbaban por la noche
los fantasmas de Hesperia. Lo venció la nostalgia
de los viajes, y de las llegadas
matinales a los puertos donde,
con qué alegría, entras por primera vez.
La ternura de Telémaco, la fede Penélope, la ancianidad del padre,
sus antiguos amigos, el amor
del abnegado pueblo,y la paz y el reposo
de la casa lo aburrieron.Y se marchó.
Cuando las costas de Ítaca
se desvanecían poco a poco frente a él
y navegaba hacia occidente
a toda vela, hacia Iberia, hacia las columnas de Hércules,
-lejos de todo mar aqueo-,
sintió que revivió, que
arrojó las pesadas ataduras
de cosas conocidas y domésticas.Y su corazón aventurero
se regocijaba fríamente, vacío de amor.
La segunda odisea no es más que el recordar los viajes, pero ya no cantados por los rapsodas o aedos, sin reglas métricas. Todos los sentimientos de Ulises al querer regresar a su hogar a su preciada Ítaca, al rencuentro con su fiel Penélope, con su amado hijo Telémaco. Pero esto era el leiv motive de la vida de odiseo, al lograrlo se acabó su vida, el sufrimiento estuvo, lo engrandeció pero ahora su corazón llama a una nueva aventura.
El sentimiento en el corazón quiere reavivarse, todo lo que no tiene es lo que la da fuerza para vivir, pero ahora lo tiene todo, el vacío en su corazón ha vuelto quiere volver a descubrir su paciencia, el viaje tiene que volver a darse, el amor no lo es todo para él, la aventura es su verdadero amor.
martes, 16 de diciembre de 2008
Las exequias de Sarpedón
LAS EXEQUIAS DE SARPEDÓN
Profundo dolor tiene Zeus. Ha dado muerte
Patroclo a Sarpedón; y ahora se abalanzan
el hijo de Menecio y los aqueos a arrebatar
el cuerpo y ultrajarlo
Pero esto no agrada en absoluto a Zeus.
A su hijo amado -al que dejó
morir: tal era la ley-al menos muerto lo honrará.
Y he aquí que envía a Apolo a la llanura
instruido de cómo cuidar el cuerpo.
Con unción y dolor el cadáver del héroe
levanta Apolo y lo lleva hasta el río.
Lo limpia del polvo y de la sangre;
cura las horribles heridas, sin dejar
que aparezca vestigio alguno; vierte sobre éllos aromas de la ambrosía; y con espléndidos ropajes
olímpicos lo viste.
Blanquea su cutis; y con una peineta de perlas
sus cabellos negrísimos peina.
Los hermosos miembros los arregla y recuesta.
Ahora parece un joven rey auriga -en sus veinticinco años, en sus veintiséis
que reposa después haber ganado,
con un carro de oro y velocísimos caballos,
en un certamen famoso el galardón.
En cuanto Apolo hubo terminado
su misión, llamó a los dos hermanos
al Sueño y a la Muerte, ordenándoles
que el cuerpo llevaran a Licia, ese rico país.
Y hacia allá al rico país, a Licia,
viajaron estos dos hermanos
Sueño y Muerte, y cuando ya llegarona la puerta de la casa real,
entregaron el glorificado cuerpo,
y volvieron a sus otras preocupaciones y quehaceres.
Y cuando 1o recibieron allí; en la casa, comenzó
con procesiones, y honras, y lamentos,y con abundantes libaciones en sagradas crateras,
y con todo lo necesario, la triste sepultación;y después hábiles artesanos de la ciudad
y afamados artífices de la piedra
vinieron a labrar el túmulo y la estela.
Sarpedón hijo de Zeus está muerto, el gran Patroclo acabó con la vida del guerrero, uno de las escenas más conmovedoras de la Ilíada, Zeus es el señor de los dioses pero respeta el designio de las Moiras, no quiere interferir en el fluir del cosmos, sin embargo Zeus se aflige, llora la pérdida de uno de los hijos más amados. La bella muerte es el regalo que Zeus da a su hijo, su cuerpo no será profanado por los soldados aqueos, su último presente es preservar el cuerpo caído en batalla.
Apolo cumple con el mandato de Zeus, limpia el cuerpo con agua cristalina, le da la imagen deiforme que solía tener cuando estaba vivo, reaparece el héroe troyano, el hijo del magnánimo Zeus. La bella muerte no puede ser mejor retratada por la voz poética: “Cierra de su pecho la llaga abierta…” Apolo mira lo que pudo haber sido este hombre, lo que pudo haber tenido, pero el destino implacable, las Moiras que no tienen piedad por los hijos de los dioses, el cosmos que no puede ser transgredido.
Profundo dolor tiene Zeus. Ha dado muerte
Patroclo a Sarpedón; y ahora se abalanzan
el hijo de Menecio y los aqueos a arrebatar
el cuerpo y ultrajarlo
Pero esto no agrada en absoluto a Zeus.
A su hijo amado -al que dejó
morir: tal era la ley-al menos muerto lo honrará.
Y he aquí que envía a Apolo a la llanura
instruido de cómo cuidar el cuerpo.
Con unción y dolor el cadáver del héroe
levanta Apolo y lo lleva hasta el río.
Lo limpia del polvo y de la sangre;
cura las horribles heridas, sin dejar
que aparezca vestigio alguno; vierte sobre éllos aromas de la ambrosía; y con espléndidos ropajes
olímpicos lo viste.
Blanquea su cutis; y con una peineta de perlas
sus cabellos negrísimos peina.
Los hermosos miembros los arregla y recuesta.
Ahora parece un joven rey auriga -en sus veinticinco años, en sus veintiséis
que reposa después haber ganado,
con un carro de oro y velocísimos caballos,
en un certamen famoso el galardón.
En cuanto Apolo hubo terminado
su misión, llamó a los dos hermanos
al Sueño y a la Muerte, ordenándoles
que el cuerpo llevaran a Licia, ese rico país.
Y hacia allá al rico país, a Licia,
viajaron estos dos hermanos
Sueño y Muerte, y cuando ya llegarona la puerta de la casa real,
entregaron el glorificado cuerpo,
y volvieron a sus otras preocupaciones y quehaceres.
Y cuando 1o recibieron allí; en la casa, comenzó
con procesiones, y honras, y lamentos,y con abundantes libaciones en sagradas crateras,
y con todo lo necesario, la triste sepultación;y después hábiles artesanos de la ciudad
y afamados artífices de la piedra
vinieron a labrar el túmulo y la estela.
Sarpedón hijo de Zeus está muerto, el gran Patroclo acabó con la vida del guerrero, uno de las escenas más conmovedoras de la Ilíada, Zeus es el señor de los dioses pero respeta el designio de las Moiras, no quiere interferir en el fluir del cosmos, sin embargo Zeus se aflige, llora la pérdida de uno de los hijos más amados. La bella muerte es el regalo que Zeus da a su hijo, su cuerpo no será profanado por los soldados aqueos, su último presente es preservar el cuerpo caído en batalla.
Apolo cumple con el mandato de Zeus, limpia el cuerpo con agua cristalina, le da la imagen deiforme que solía tener cuando estaba vivo, reaparece el héroe troyano, el hijo del magnánimo Zeus. La bella muerte no puede ser mejor retratada por la voz poética: “Cierra de su pecho la llaga abierta…” Apolo mira lo que pudo haber sido este hombre, lo que pudo haber tenido, pero el destino implacable, las Moiras que no tienen piedad por los hijos de los dioses, el cosmos que no puede ser transgredido.
La antigua tragedia
La antigua tragedia
La tragedia es puesta en escena desde el recuerdo de lo que fue el teatro griego, la voz poética canta la inmortalidad de la tragedia, la universalidad de las representaciones, Ayante, Clitemestra, Alcestes han superado las barreras del tiempo y se presentan en la memoria, en la inmortalidad del cielo olímpico.
La forma pura es la admirada por la Atenas, es por eso que está ahora en el cielo, solamente puede ser un placer de los dioses. Los tres grandes tragediógrafos: Esquilo, Eurípides y Sófocles son comparados con deidades, el cielo está lleno de poesía, lo celestial es artístico porque el teatro, la representación colman de armonía a los sempiternos dioses del Olimpo, el teatro ahora es una deidad, un dios que representa, es eterno, es sublime, es la tragedia en las nubes.
La tragedia es puesta en escena desde el recuerdo de lo que fue el teatro griego, la voz poética canta la inmortalidad de la tragedia, la universalidad de las representaciones, Ayante, Clitemestra, Alcestes han superado las barreras del tiempo y se presentan en la memoria, en la inmortalidad del cielo olímpico.
La forma pura es la admirada por la Atenas, es por eso que está ahora en el cielo, solamente puede ser un placer de los dioses. Los tres grandes tragediógrafos: Esquilo, Eurípides y Sófocles son comparados con deidades, el cielo está lleno de poesía, lo celestial es artístico porque el teatro, la representación colman de armonía a los sempiternos dioses del Olimpo, el teatro ahora es una deidad, un dios que representa, es eterno, es sublime, es la tragedia en las nubes.
Edipo
En este poema se toma a una de las más famosas escenas del teatro griego, Edipo frente a la Esfinge, Cavafis toma este encuentro y modifica el mito, la esfinge o los enigmas están siempre, buscar las respuestas es lo que aumenta el conocimiento, lo angosto del camino a Tebas muestra un encerrarse a una sola respuesta, las limitaciones hacen del camino de la vida un pasillo.
No hay imagen más significativa que Edipo frente a la Esfinge, el conocimiento total frente al destino cruel, una Esfinge que no puede vivir frente a un Edipo lleno de malos presagios y maldiciones. La voz poética nos traslada a esta escena, el enfrentamiento logra su esplendor por las imágenes usadas en cada verso, Edipo logra estremecer a la Esfinge, está seguro de sí, pero desconoce lo que le depara.
Es un joven ahora, es un animal que camina en dos patas, conoce la respuesta al acertijo pero no conoce como eludir ese destino fatal que su familia le heredó, mira hacia la lejana Tebas, destino desalmado, no se alegra, presiente, el miedo lo corroe sutilmente, la esfinge no ha muerto, los acertijos son ilimitados, las respuestas son inexistentes, todo se encuentra destinado pero no se puede ver. Colono es el último paraje, el lugar donde todo se consumirá, los enigmas se conocerán, las soluciones estarán en la noche oscura, en la ceguera, en el animal que camina en tres patas.
No hay imagen más significativa que Edipo frente a la Esfinge, el conocimiento total frente al destino cruel, una Esfinge que no puede vivir frente a un Edipo lleno de malos presagios y maldiciones. La voz poética nos traslada a esta escena, el enfrentamiento logra su esplendor por las imágenes usadas en cada verso, Edipo logra estremecer a la Esfinge, está seguro de sí, pero desconoce lo que le depara.
Es un joven ahora, es un animal que camina en dos patas, conoce la respuesta al acertijo pero no conoce como eludir ese destino fatal que su familia le heredó, mira hacia la lejana Tebas, destino desalmado, no se alegra, presiente, el miedo lo corroe sutilmente, la esfinge no ha muerto, los acertijos son ilimitados, las respuestas son inexistentes, todo se encuentra destinado pero no se puede ver. Colono es el último paraje, el lugar donde todo se consumirá, los enigmas se conocerán, las soluciones estarán en la noche oscura, en la ceguera, en el animal que camina en tres patas.
El poeta y la musa
El poeta habla desde un desasosiego, quién es el poeta realmente, las palabras quedan en el limbo, la autenticidad se ve destrozada por la existencia de las palabras antes que del poeta, la nobleza del cato se ve desdeñada por la necesidad de la creación, el mundo creado sólo es un sueño, es un dios engañador que imagina un mundo desde la lírica, desde la poesía, la ficción carcome la verdad del mundo, del verdadero mundo, no hay finales felices ni tristes solo hay finales, lo demás es una mentira, la poesía se vuelve un adorno de la realidad, un engaño bellamente contado.
La musa desdeña el pensamiento del poeta, las palabras son los instrumentos divinos para la belleza, la verdad está dicha por la poesía, el mundo creado es la verdad del poeta, el imaginar traslada a la verdadera felicidad al hombre, la verdad es inexistente si no hay belleza al mencionarla, la oscuridad del no crear poesía es el malestar de la musa, todo lo que lo rodea es una inspiración, la naturaleza es la verdadera musa, la verdadera inspiración está en la esperanza de que lo que sale de los labios del poeta engrandece al hombre, lo sublima.
La musa desdeña el pensamiento del poeta, las palabras son los instrumentos divinos para la belleza, la verdad está dicha por la poesía, el mundo creado es la verdad del poeta, el imaginar traslada a la verdadera felicidad al hombre, la verdad es inexistente si no hay belleza al mencionarla, la oscuridad del no crear poesía es el malestar de la musa, todo lo que lo rodea es una inspiración, la naturaleza es la verdadera musa, la verdadera inspiración está en la esperanza de que lo que sale de los labios del poeta engrandece al hombre, lo sublima.
El cortejo de Dionisio
Damon, el artista (otro más diestro
no hay en el Peloponeso), en mármol
de Paros está elaborando el cortejo
de Dionisio. El dios en gloria excelsa
adelante, con ímpetu en su paso.
Desenfreno detrás. Al lado de Desenfreno
la Embriaguez escancia a los Sátiros el vino
de una ánfora coronada de hiedras.
Cerca de ellos Vino Dulce el indolente,
los ojos semicerrados, dormilón.
Y más abajo vienen los cantadores
Melodía y Dulce Canto, y Festejo que nunca
deja apagarse la venerable antorcha
de la procesión que él sostiene; y la Ceremonia, muy digna.
Esto está haciendo Damon. Y junto a ello
su pensamiento de cuando en cuando considera
la recompensa del rey de Siracusa,
tres talentos, mucha cantidad.
Con sus otros dineros y con éste
cuando ingresen, como persona acomodada ricamente va a vivir
y podrá entrar a la política -¡qué alegría!-,
también él en la asamblea, también él en el ágora.
El cortejo de Dionisio
El filósofo esculpe a Dionisio, el exceso y la euforia son esculpidas por un pitagórico que da vida a las emociones más sublimes del ser humano. El desenfreno y la Embriaguez toman forma en la piedra y liban con los sátiros, El vino toma forma humana, esta casi dormido, a este le persiguen las emociones del estadio alterado de conciencia de la merluza: Melodía, Armonía y Fiesta.
El ritual de libar en honor a Dionisio se esculpe a manera por estados, cada emoción es construida a manera de que se bebe el fruto de la vid en el ritual, cada una toma forma humana y están en fila esperando llegar a la presencia del dios, del estado. La ilusión posee a Damón, la imaginación es lo máximo, sólo puede verse enriquecido, se puede ver grande después del ritual, después de esculpir a Dionisio, la felicidad llega, el es parte del ágora, puede hablar y ser escuchado, es un filósofo.
no hay en el Peloponeso), en mármol
de Paros está elaborando el cortejo
de Dionisio. El dios en gloria excelsa
adelante, con ímpetu en su paso.
Desenfreno detrás. Al lado de Desenfreno
la Embriaguez escancia a los Sátiros el vino
de una ánfora coronada de hiedras.
Cerca de ellos Vino Dulce el indolente,
los ojos semicerrados, dormilón.
Y más abajo vienen los cantadores
Melodía y Dulce Canto, y Festejo que nunca
deja apagarse la venerable antorcha
de la procesión que él sostiene; y la Ceremonia, muy digna.
Esto está haciendo Damon. Y junto a ello
su pensamiento de cuando en cuando considera
la recompensa del rey de Siracusa,
tres talentos, mucha cantidad.
Con sus otros dineros y con éste
cuando ingresen, como persona acomodada ricamente va a vivir
y podrá entrar a la política -¡qué alegría!-,
también él en la asamblea, también él en el ágora.
El cortejo de Dionisio
El filósofo esculpe a Dionisio, el exceso y la euforia son esculpidas por un pitagórico que da vida a las emociones más sublimes del ser humano. El desenfreno y la Embriaguez toman forma en la piedra y liban con los sátiros, El vino toma forma humana, esta casi dormido, a este le persiguen las emociones del estadio alterado de conciencia de la merluza: Melodía, Armonía y Fiesta.
El ritual de libar en honor a Dionisio se esculpe a manera por estados, cada emoción es construida a manera de que se bebe el fruto de la vid en el ritual, cada una toma forma humana y están en fila esperando llegar a la presencia del dios, del estado. La ilusión posee a Damón, la imaginación es lo máximo, sólo puede verse enriquecido, se puede ver grande después del ritual, después de esculpir a Dionisio, la felicidad llega, el es parte del ágora, puede hablar y ser escuchado, es un filósofo.
Troyanos
Troyanos
Son los esfuerzos nuestros, de los desventurados,
son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Algo conseguimos; nos reponemos
un poco; y empezamos
a tener coraje y buenas esperanzas.
Pero siempre algo surge y nos detiene.
Aquiles en el foso enfrente a nosotros
sale y con grandes voces nos espanta
Son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Creemos que con decisión y audacia
cambiaremos la animosidad de la suerte,
y nos quedamos afuera para combatir.
Mas cuando sobreviene la gran crisis,
nuestra audacia y decisión desaparecen;
se turba nuestra alma, paralízase;
y en torno de los muros corremos
buscando salvarnos con la fuga.
Empero nuestra caída es cierta. Arriba,
sobre las murallas, comenzó ya el lamento.
Lloran sentimientos y recuerdos de nuestros días.
Amargamente por nosotros Príamo y Hécuba lloran.
Este poema tiene como motivo transtextual la guerra de Troya, específicamente la caída de Ilión. La mirada de la voz poética está enfocada desde los troyanos, se puede evidenciar un apego a los sentimientos ante personajes como Aquiles, el sufrimiento de Príamo, pero sobre todo el estoicismo a la inminente pérdida.
El tono de la voz poética en estos versos es de resignación e impotencia, casi se puede afirmar una negación de una esperanza, aunque la alegría y el ánimo sean buenos al principio, aunque estén en lo más alto, el destino está escrito, la batalla está perdida, Aquiles los atemoriza.
Se puede entrever a un llamado a un enfrentamiento contra nuestros miedos, contra nuestro destino, aunque se conozca cual será el resultado no escapar, el destino es morir, la guerra está destinada a una derrota desde el nacimiento, no puedes luchar contra lo inminente, el Aquiles vestido de negro con una hoz siempre te espantará, huirás de él mientras puedas.
Al final serás cegado, tus murallas sucumbirán, tu alma paralizada escapará de tu cuerpo, y todos llorarán por la caída de Troya, de tu ciudad, todos recordarán a la Troya insigne, pero sólo eso quedará, el recuerdo, lo demás se pudrirá, la ciudad envejecerá en los polvos del tiempo que cubren los ladrillos de lo que alguna vez fue la tierra del valiente Héctor, del hermoso Paris y del gran rey Príamo. La muerte es ineludible, la caída de Troya fue ineludible.
Son los esfuerzos nuestros, de los desventurados,
son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Algo conseguimos; nos reponemos
un poco; y empezamos
a tener coraje y buenas esperanzas.
Pero siempre algo surge y nos detiene.
Aquiles en el foso enfrente a nosotros
sale y con grandes voces nos espanta
Son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Creemos que con decisión y audacia
cambiaremos la animosidad de la suerte,
y nos quedamos afuera para combatir.
Mas cuando sobreviene la gran crisis,
nuestra audacia y decisión desaparecen;
se turba nuestra alma, paralízase;
y en torno de los muros corremos
buscando salvarnos con la fuga.
Empero nuestra caída es cierta. Arriba,
sobre las murallas, comenzó ya el lamento.
Lloran sentimientos y recuerdos de nuestros días.
Amargamente por nosotros Príamo y Hécuba lloran.
Este poema tiene como motivo transtextual la guerra de Troya, específicamente la caída de Ilión. La mirada de la voz poética está enfocada desde los troyanos, se puede evidenciar un apego a los sentimientos ante personajes como Aquiles, el sufrimiento de Príamo, pero sobre todo el estoicismo a la inminente pérdida.
El tono de la voz poética en estos versos es de resignación e impotencia, casi se puede afirmar una negación de una esperanza, aunque la alegría y el ánimo sean buenos al principio, aunque estén en lo más alto, el destino está escrito, la batalla está perdida, Aquiles los atemoriza.
Se puede entrever a un llamado a un enfrentamiento contra nuestros miedos, contra nuestro destino, aunque se conozca cual será el resultado no escapar, el destino es morir, la guerra está destinada a una derrota desde el nacimiento, no puedes luchar contra lo inminente, el Aquiles vestido de negro con una hoz siempre te espantará, huirás de él mientras puedas.
Al final serás cegado, tus murallas sucumbirán, tu alma paralizada escapará de tu cuerpo, y todos llorarán por la caída de Troya, de tu ciudad, todos recordarán a la Troya insigne, pero sólo eso quedará, el recuerdo, lo demás se pudrirá, la ciudad envejecerá en los polvos del tiempo que cubren los ladrillos de lo que alguna vez fue la tierra del valiente Héctor, del hermoso Paris y del gran rey Príamo. La muerte es ineludible, la caída de Troya fue ineludible.
Ítaca
Cuando salgas en el viaje, hacia Ítaca
desea que el camino sea largo,
pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al irritado Poseidón no temas,
tales cosas en tu ruta nunca hallarás,
si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
y al feroz Poseidón no encontrarás,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma no los yergue delante de ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios.
Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca.
Llegar hasta allí es tu destino.
Pero no apures tu viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure:
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que riquezas te dé Ítaca.
Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Ítacas qué es lo que significan.
En este poema se puede evidenciar claramente el motivo del Nostos o Nostoi, el regreso a Ítaca y el viaje, pero qué viaje la voz poética quiere realizar, cuál es este Ítaca que nos espera. Ítaca se presenta como un destino ineludible, el futuro de cada persona, la vida que resta por vivir, el viaje de conocimiento al crecer, un viaje interior, un eterno retorno.
Los seres mitológicos se presentan como obstáculos del ser humano, creados por él mismo, bestias mitológicas que habitan la mente del hombre para perderlo en su viaje interior. La voz poética posee un tono alegre, una satisfacción por una vida larga pero en la que nunca termines de aprender, en la que siempre te asombres de la belleza de tu viaje inacabable.
(...)Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos(...)
En todo el poema se aprecia un llamado a aprovechar los placeres de tu viaje, no dejar escapar ninguna cosa, sea material (mercancías de nácar y coral) o espiritual (ve a aprender de los sabios). Absolutamente todo es enriquecedor, cada minuto de la vida, cada momento del viaje significa un engrandecerse, pero sin olvidar a Ítaca, tu destino, no esperar nada de esta ciudad, de este estadio mental, porque Ítaca es la misma, tú eres el mismo, tu sabiduría es la cambio, ahora eres un sabio que puede dar un significado correcto a los que Cavafis y Homero llaman Ítaca.
desea que el camino sea largo,
pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al irritado Poseidón no temas,
tales cosas en tu ruta nunca hallarás,
si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
y al feroz Poseidón no encontrarás,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma no los yergue delante de ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios.
Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca.
Llegar hasta allí es tu destino.
Pero no apures tu viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure:
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que riquezas te dé Ítaca.
Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Ítacas qué es lo que significan.
En este poema se puede evidenciar claramente el motivo del Nostos o Nostoi, el regreso a Ítaca y el viaje, pero qué viaje la voz poética quiere realizar, cuál es este Ítaca que nos espera. Ítaca se presenta como un destino ineludible, el futuro de cada persona, la vida que resta por vivir, el viaje de conocimiento al crecer, un viaje interior, un eterno retorno.
Los seres mitológicos se presentan como obstáculos del ser humano, creados por él mismo, bestias mitológicas que habitan la mente del hombre para perderlo en su viaje interior. La voz poética posee un tono alegre, una satisfacción por una vida larga pero en la que nunca termines de aprender, en la que siempre te asombres de la belleza de tu viaje inacabable.
(...)Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos(...)
En todo el poema se aprecia un llamado a aprovechar los placeres de tu viaje, no dejar escapar ninguna cosa, sea material (mercancías de nácar y coral) o espiritual (ve a aprender de los sabios). Absolutamente todo es enriquecedor, cada minuto de la vida, cada momento del viaje significa un engrandecerse, pero sin olvidar a Ítaca, tu destino, no esperar nada de esta ciudad, de este estadio mental, porque Ítaca es la misma, tú eres el mismo, tu sabiduría es la cambio, ahora eres un sabio que puede dar un significado correcto a los que Cavafis y Homero llaman Ítaca.
lunes, 15 de diciembre de 2008
Biografía de Cavafis

Poeta griego, una figura fundamental de la literatura griega del siglo XX. Nació en Alejandría (Egipto), donde pasó la mayor parte de su vida. Autocrítico implacable, muchas veces afectado por su propia heterodoxia, Cavafis publicó poco durante su vida. Rechazaba los valores tradicionales del cristianismo, la ética heterosexual, el nacionalismo y el patriotismo. Cavafis creó un estilo personal, algo solemne y arcaico, mezclado con el griego de su época. En sus versos se integran la historia helenística y bizantina con asuntos contemporáneos, como ocurre en dos de sus poemas más conocidos, 'El dios abandona a Antonio' e 'Itaca', escritos en 1911. La obra de Cavafis empezó a conocerse fuera de Grecia a través de las referencias del estudio de E. M. Forster sobre Alejandría, Alejandría: Historia y guía (1923). Desde 1930 su influencia fue importante no sólo en los jóvenes griegos, sino también en escritores extranjeros, y a partir de esta época los escritos críticos sobre su obra se multiplican. Un nuevo empuje de la obra de Cavafis tuvo lugar con la publicación del Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell (1957-1960). En el centenario de su nacimiento, se publicaron traducciones de sus obras en casi toda Europa.
100 poemas de Cavafis http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/cavafis2.htm
Bienvenida
En este blog se presentarán análisis de algunos de los poemas del poeta Cavafis, los cuales tienen como elemento unificador el motivo clásico, por ejemplo: Ítaca, Los troyanos, Las exequias de Sarpedón, entre otros.
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