Damon, el artista (otro más diestro
no hay en el Peloponeso), en mármol
de Paros está elaborando el cortejo
de Dionisio. El dios en gloria excelsa
adelante, con ímpetu en su paso.
Desenfreno detrás. Al lado de Desenfreno
la Embriaguez escancia a los Sátiros el vino
de una ánfora coronada de hiedras.
Cerca de ellos Vino Dulce el indolente,
los ojos semicerrados, dormilón.
Y más abajo vienen los cantadores
Melodía y Dulce Canto, y Festejo que nunca
deja apagarse la venerable antorcha
de la procesión que él sostiene; y la Ceremonia, muy digna.
Esto está haciendo Damon. Y junto a ello
su pensamiento de cuando en cuando considera
la recompensa del rey de Siracusa,
tres talentos, mucha cantidad.
Con sus otros dineros y con éste
cuando ingresen, como persona acomodada ricamente va a vivir
y podrá entrar a la política -¡qué alegría!-,
también él en la asamblea, también él en el ágora.
El cortejo de Dionisio
El filósofo esculpe a Dionisio, el exceso y la euforia son esculpidas por un pitagórico que da vida a las emociones más sublimes del ser humano. El desenfreno y la Embriaguez toman forma en la piedra y liban con los sátiros, El vino toma forma humana, esta casi dormido, a este le persiguen las emociones del estadio alterado de conciencia de la merluza: Melodía, Armonía y Fiesta.
El ritual de libar en honor a Dionisio se esculpe a manera por estados, cada emoción es construida a manera de que se bebe el fruto de la vid en el ritual, cada una toma forma humana y están en fila esperando llegar a la presencia del dios, del estado. La ilusión posee a Damón, la imaginación es lo máximo, sólo puede verse enriquecido, se puede ver grande después del ritual, después de esculpir a Dionisio, la felicidad llega, el es parte del ágora, puede hablar y ser escuchado, es un filósofo.
martes, 16 de diciembre de 2008
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