Troyanos
Son los esfuerzos nuestros, de los desventurados,
son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Algo conseguimos; nos reponemos
un poco; y empezamos
a tener coraje y buenas esperanzas.
Pero siempre algo surge y nos detiene.
Aquiles en el foso enfrente a nosotros
sale y con grandes voces nos espanta
Son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Creemos que con decisión y audacia
cambiaremos la animosidad de la suerte,
y nos quedamos afuera para combatir.
Mas cuando sobreviene la gran crisis,
nuestra audacia y decisión desaparecen;
se turba nuestra alma, paralízase;
y en torno de los muros corremos
buscando salvarnos con la fuga.
Empero nuestra caída es cierta. Arriba,
sobre las murallas, comenzó ya el lamento.
Lloran sentimientos y recuerdos de nuestros días.
Amargamente por nosotros Príamo y Hécuba lloran.
Este poema tiene como motivo transtextual la guerra de Troya, específicamente la caída de Ilión. La mirada de la voz poética está enfocada desde los troyanos, se puede evidenciar un apego a los sentimientos ante personajes como Aquiles, el sufrimiento de Príamo, pero sobre todo el estoicismo a la inminente pérdida.
El tono de la voz poética en estos versos es de resignación e impotencia, casi se puede afirmar una negación de una esperanza, aunque la alegría y el ánimo sean buenos al principio, aunque estén en lo más alto, el destino está escrito, la batalla está perdida, Aquiles los atemoriza.
Se puede entrever a un llamado a un enfrentamiento contra nuestros miedos, contra nuestro destino, aunque se conozca cual será el resultado no escapar, el destino es morir, la guerra está destinada a una derrota desde el nacimiento, no puedes luchar contra lo inminente, el Aquiles vestido de negro con una hoz siempre te espantará, huirás de él mientras puedas.
Al final serás cegado, tus murallas sucumbirán, tu alma paralizada escapará de tu cuerpo, y todos llorarán por la caída de Troya, de tu ciudad, todos recordarán a la Troya insigne, pero sólo eso quedará, el recuerdo, lo demás se pudrirá, la ciudad envejecerá en los polvos del tiempo que cubren los ladrillos de lo que alguna vez fue la tierra del valiente Héctor, del hermoso Paris y del gran rey Príamo. La muerte es ineludible, la caída de Troya fue ineludible.
martes, 16 de diciembre de 2008
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